En caso de que las imágenes del tesorero haciendo campaña en la tilde en una cabina de votación anticipada no fueran suficiente, Josh Frydenberg está en problemas.
Una sondeo de YouGov publicada en el australiano lo tiene en camino de perder la reliquia progresista de Kooyong (representada por Robert Menzies y Andrew Peacock nulo menos) frente a la retadora independiente Monique Ryan.
Ryan tiene ímpetu, un ejército de voluntarios con buenos fortuna, y tuvo una gran comportamiento en un debate de candidatos la semana pasada. Nuestras fuentes nos dicen que hay más corflautas de Ryan que de Frydenberg en la calle del tesorero.
En una conferencia de prensa hoy, el primer ministro Scott Morrison evadió preguntas sobre su futuro tesorero: “Eso no es poco sobre lo que esté especulando porque sé que Josh será devuelto”.
Así que estamos especulando por él.
Frydenberg lidera técnicamente a Conquista’s «facción de ambición» eso está vagamente formado con la agrupación de centro-derecha de Morrison. Pero ideológicamente se le ve como un tipo más moderado que muchos en la bancada progresista. Su pérdida desencadenaría un cambio dramático en el interior del partido.
Primero, hagamos un ocio de querella en algunos escenarios. Si Morrison aguanta y Frydenberg pierde, su codiciado puesto como tesorero quedará vacante. El ministro de Defensa, Peter Dutton, se consolidaría como el heredero evidente de Morrison para el liderazgo, lo que crearía un potencial de tensión en el plan de sucesión entre los dos a medida que el término se vuelve obsoleto.
Dutton como tesorero parece una opción extraña considerando que disfruta de la franqueza de Defense, pero dada su influencia en el interior del partido, la cartera sería suya.
Otros contendientes potenciales provienen de la propia agrupación de Frydenberg. Michael Sukkar, un importante corredor de poder victoriano y presente tesorero asistente y ministro de vivienda estaría en la mezcla. Igualmente lo haría el ministro de Comercio, Dan Tehan.
Alex Hawke, un confederado cercano del primer ministro y líder de la pandilla de centro-derecha, sin duda ascendería bajo un gobierno de Morrison reelegido, aunque su marca personal se ha conocido afectada en Nueva Gales del Sur a posteriori de las luchas internas generalizadas por las preselecciones.
Un tablas un poco más probable sería una pérdida de Frydenberg y una trofeo socialista. En ese caso, es difícil imaginar que Kooyong sea el único asiento barredura por la ola verde azulado. Si los trullos obtienen más de un escaño, representaría un cambio dramático en la pulvínulo del partido, con las áreas más prósperas del país sin circunscripción progresista asegurado.
Por supuesto, hay muchas posibilidades de que la ola del verde azulado sea una maravilla de un solo gracia, un voto de protesta contra la atraso del gobierno de Morrison en el cambio climático y los problemas de integridad. Pero con la partida de Frydenberg y Morrison como perdedor en las elecciones, allanaría el camino para que Dutton asumiera el liderazgo de la Coalición.
Dutton es más conservador y obviamente menos pragmático que Morrison. Igualmente es una figura enormemente divisiva en las ciudades. Los moderados urbanos restantes se pondrían nerviosos por su futuro. Es probable que Dutton continúe con una lectura turboalimentada de la “táctica suburbana” de Morrison, vinculando el futuro electoral del partido a los cinturones hipotecarios exteriores, los centros regionales y las comunidades mineras.
Con el cambio de enfoque del partido, sería cada vez más difícil para los moderados profesar su influencia sobre el partido a nivel federal. Ya subrepresentado entre sus figuras de stop nivel más vocales, no hay un claro candidato moderado para el liderazgo o el Riquezas.
Las figuras más importantes incluyen a dos senadores, el ministro de Finanzas, Simon Birmingham, y la ministra de Relaciones Exteriores, Marise Payne, que no podrían encargarse el liderazgo. Eso deja a Paul Fletcher, quizás no como un contendiente de liderazgo obvio, pero sí como un candidato potencial para el Riquezas en cualquier tablas.
Lógicamente, todo esto es profundamente reflexivo. Las alianzas cambian y los resultados de las elecciones tienen una forma de provocar un cambio sísmico en el interior de los partidos políticos. Sin secuestro, está claro que la lucha de Frydenberg no se proxenetismo solo de Kooyong, sino del futuro del Partido Demócrata.

